Visto por Cristina M. Aimaretti (*)

La invitación a escribir en  la publicación virtual “cuadernos”, llego como brisa fresca, esa que experimentamos en Santa Fe después de una tormenta y nos pinta una sonrisa en la cara.
Entrar en el tesoro del museo municipal y recorrer los soportes con las obras, se tiene la certeza de estar entrando  a múltiples universos paralelos, esos que se plantean en teorías, aquí están en toda su infinitud.  El encuentro con “24 veces no” obra de Marcela Spadaro, me conmovió por la simplicidad y su nombre imperativo y contundente. Las obras de la artista llegaron por donación de la misma (el patrimonio de un museo tiene múltiples maneras de construirse).

“Marcela Spadaro, nacida en Argentina, formada en arquitectura, trabajó durante más de 10 años en la vanguardia de la arquitectura contemporánea en Zaha Hadi Architects”. (http://www.naaro.com/about/) Co-fundadora de NAARO, estudio de fotografía arquitectónica. Antes de mudarse a Londres, donde reside ahora, hizo una muestra en el Museo.

Se trata de una obra de 1,20 por 80 en grafito, sobre una superficie pintada de blanco.  Fondo elaborado donde quedaron las huellas de espátulas y pinceles, plantea divisiones interrumpiendo el blanco homogéneo con franjas perpendiculares entre sí, más cargadas de material. Estas divisiones son reafirmadas por líneas negras que hacen en conjunto una cuadrícula, dentro de estos espacios, dibuja receptáculos que podemos ver como  cajas sin tapa que contienen un corazón tachado, esta imagen, se repite  24 veces, cada uno es vuelto a hacer una y otra vez es el mismo grafismo repetido a mano, cada uno diferente. Es una acción obsesiva que deja claro que no es una copia, es la repetición del mismo acto una y otra vez. Utiliza el cliché del corazón  plantea un mensaje: 24 veces no, En los corazones tachados 24 veces hay una variante que plantea un cambio casi al final  de la lectura, el corazón número 21 sigue en la cuadricula, sigue tachado, quizás hubo algo suspendido ya que vemos dos pequeños clavos, de todas maneras es diferente, no hay  caja.

La línea es la protagonista, esta es sensible, da cuenta del gesto, del recorrido físico que necesita para completarla. No olvidemos que el fondo es elaborado y tiene huellas de esa elaboración, lo realizó con dedicación, dispensó tiempo. Los receptáculos están pintados, tienen un arriba, un abajo; plantean diagonales que dialogan con las diagonales del tachado, otra repetición. Nada se superpone o adelanta, cada elemento está en su sitio.  En todos los casos cada línea está dominada por la huella del gesto, la decisión. Estas repeticiones, podríamos pensarlas como las 24 horas del día, día que podríamos multiplicar fácilmente en semanas, meses, años, vuelve sobre el tiempo; la secuencia  plantea un ritmo que no tiene estridencias, es pulso, es “tempo” marcado por un metrónomo una y otra vez, cuya monotonía se rompe al ser cada repetición única.

”24 veces no”, la obstinación de repetirlo 24 veces y de colocarlo en el nombre, la simpleza del planteo, equilibrio axial, acromático, genera tensión con la fuerza de la repetición de la negación. “Me encontré con “24 veces no” de Marcela Spadaro, la obra me conmovió por su simplicidad y su nombre imperativo y contundente”. Bien digo al principio, se desarrolla en un tiempo y espacio, con un esfuerzo, decisión y energía transmitido al grafismo, tiempo y espacio que se replican al recorrerla activado por la vibración generada en la  repetición intensa de la acción.

 

(*) Artista, su producción se enfoca en los vínculos entre los seres y la conexión con el medioambiente.
 Estudió en E.P.A.V. Juan Mantovani. Participó de muestras individuales y colectivas. Sigue estudiando e investigando en arte. Vive y trabaja en Arroyo Leyes.