(Óleo sobre tela, 1980)

Analizado por DOMINGO SAHDA (**)

La representación del paisaje entorno  puede resolverse en el plano pictórico tanto como descripción  visual tramo a tramo, con el máximo de verosimilitud  posible, o como interpretación subjetiva  del entorno, reelaborando los datos percibidos  visualmente. Hacia este último ítem  se acerca la obra  titulada “La Fogata”, óleo sobre lienzo, creación del artista plástico, maestro Matías  Molinas.

La obra en cuestión, óleo directo sobre tela, aparece organizada visualmente como visión panorámica  del entorno elegido: el Litoral Santafesino de la costa en el cual aparecen personajes cuasi emblemáticos, lindando con el estereotipo poético regional. Remiten al “lugar” desde la subjetividad lírica del creador. En esta obra Molinas ajusta la paleta cromática a los tonos ocres y tierra, tintes que identifican  a una corriente expresiva  propia de la región  santafesina, precisamente del  llamado “Grupo  Litoral”, de actuación destacada en el medio  décadas atrás,

La pintura de referencia  está construida a partir de la organización equilibrada  de luces y sombras  definidas subjetivamente, acentuadas a su vez  por la voluntad expresivo-creativa  del autor, quien orienta su subjetividad  hacia la creación de una escena  lugareña  cuasi emblemática del folklore de la zona. Por voluntad del autor los datos concretos de la realidad  son captados y reelaborados en función  de la organización  pictórica total deviniendo en imagen poética antes que naturalista.

Las imágenes de dos mujeres tomando mate  mientras “dialogan” entre sí, situadas en el ángulo izquierdo del cuadro devienen en estampa descriptiva lugareña desde la voluntad del artista creador, quien no se detiene  en la elaboración de detalles, sino que “abstractiza” los elementos compositivos, envolviendo a la escena total dentro de un arco cromático “ocre-litoral”

Sentadas cual esfinges intemporales, las mujeres del primer plano se equilibran en la composición  del cuadro con el distante y opuesto acento lumínico de la fogata, que es la que otorga el título a la obra. Se contrapone de este modo la quietud de los personajes del primer plano con el chisporroteo de las llamas a la distancia. La  mixtura cromática de cielo y suelo  transfiguradas convierte a  la totalidad  de la obra en estampa  subjetiva del lugar y del tiempo. No se advierten  accidentes de texturas matéricas, como tampoco sobresaltos cromáticos o marcados  contrastes. El horizonte está definido por una hilera de ranchos costeros abocetados que señalan  el límite entre cielo y suelo. La  pintura, de cuidada realización se orienta hacia una visión abstracta del lugar y deviene en estampa arquetípica  en la realización de un “poeta  de la imagen”.

La pintura, concebida como construcción  visual abstractizada en la que los elementos referenciales son sutilmente reelaborados,  deviene  en “estampa intemporal” de clara referencia testimonial. La calidad  plástica  se constata paso a  paso, no se evidencian fisuras visuales, y el evidente propósito es expresar  lo más con lo menos. Desde su lugar en el mundo el artista Matías  Molinas señala para la eternidad  un lugar  y un tiempo propios  construidos con el diestro conocimiento  poético-sensible, sin estridencias melodramáticas. La obra en cuanto tal  aparece y deviene  en referente  para propios y extraños.

 

(*)  Aunque esta obra no pertenece al patrimonio del museo, fue facilitada por sus propietarios para ser exhibida en la muestra “CIEN MIRADAS”, con motivo del 80º Aniversario de nuestro Museo.

(**)  Artista plástico, docente y crítico de arte.