POZO DE PETRÓLEO, de Fernando Fader

Análisis de Lucila Fosco (*)
El conocimiento y el mantenimiento de la memoria del patrimonio que conserva nuestro Museo Municipal de Artes Visuales “Sor Josefa Díaz y Clucellas” ha sido siempre un objetivo primordial para su Asociación de Amigos. Esta iniciativa nos permite destacar hoy, entre su importante acervo, una pintura titulada “Pozo de petróleo” de Fernando Fader  (1882-1935). Nacido el 11 de abril de 1882 en la ciudad francesa de Burdeos llega,  con 3 años, a nuestro país junto a su familia para establecerse en la ciudad de Mendoza.  En su juventud comparte con su padre, el ingeniero Carlos Fader, el entusiasmo por la vida empresarial de su compañía energética que proveía de luz a aquella localidad y quien había iniciado la construcción de la primera usina hidroeléctrica de Argentina y del primer oleoducto de Sudamérica.

Sus primeras pinturas datan de esta etapa alrededor del año 1898 y es su padre quien lo alienta a volver a Europa donde cursa dibujo y pintura en el Real Instituto de Artes y Ciencias de Munich.

Elogiado por la crítica tras su primera exposición en Bs As, en 1907 conforma el grupo Nexus  con Pío Collivadino, Carlos Ripamonte, Justo Lynch, Alberto Rossi y Arturo Dresco, quienes se proclaman representantes de un nuevo y auténtico nacionalismo artístico.

Pocos años más tarde, a la muerte de su padre, Fader debe volver a Mendoza para completar la construcción de la usina en la zona de cacheuta. En este período en sus pinturas prevalecen los colores ocres y pardos  propios del paisaje de montaña y al que pertenece la obra patrimonial que nos ocupa. En ésta la temática se relaciona con su labor empresarial, y vislumbra ese fuerte interés en la representación de la luz, así también como el logro de su característico empaste a la espátula desde el que sostiene con firmeza los tonos.

Siete años después un temporal destruye la usina, situación que lo deja en bancarrota. En 1914 se instala junto a su mujer en Buenos Aires y un año después el galerista Federico Müller es quien lo convierte en el artista más cotizado de Argentina en su momento. Ese mismo año descubre que padece de tuberculosis por lo que decide radicarse junto a su familia en Córdoba, en la población de Loza Corral. En 1922 su mujer y sus hijos deciden volver a Bs As por temor al contagio de la enfermedad de Fader. En este período nuestro pintor trabaja intensamente llegando a realizar más de 500 obras por año. Destacan entre sus múltiples óleos y acuarelas los titulados La mantilla, La madre, La liga azul, entre otros, en los cuales la fusión en la luz, los matices lumínicos, el uso del color complementario en las sombras, la pincelada rápida y cargada, la paleta alta, los colores vibrantes y las temáticas al aire libre nos permiten acercarlas al impresionistas.

Fernando Fader  realiza en 1931 su última exposición y cuatro años después, con 53 años, fallece  dejando un pródigo legado. En sus trabajos fueron característicos la inquieta e incansable búsqueda de la representación de la luz y los desbordes de colores vibrantes, situando a Fader como uno de los artistas que ejercieron mayor influencia en la renovación  de la pintura argentina  de principios del siglo XX.

(*) Profesora Sup. en Artes Visuales Especializada en Pintura (Esc. Prov. de A. visuales “J. Mantovani”). Licenciada en Artes Visuales (UNL). Postitulada en Investigación Educativa (U. del Comahue).  Posgraduada en Administración y Gestión Cultural (UNC). Docente. Ha dictado conferencias y escrito artículos de su especialidad para diversas publicaciones.

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